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domingo, 26 de febrero de 2012

El sabio que era un perro




Diógenes de Sínope, según relata su tocayo y otros escritores de la antigüedad, fue, junto a Antístenes, fundador de la escuela de pensamiento cínica. A grandes rasgos, dicha escuela planteaba una búsqueda de la virtud a partir de un estilo de vida honesto, sí. 

El punto es que dicha manera de asumir ese camino a la virtud venía mediana por un estilo de vida bien definido en orden a desechar todo aquello que distrajera la concreción de la virtud: por ejemplo, elementos distractores tales como la vanidad, la cordialidad falsa, la empresas humanas, los usos y costumbres dados vía el consenso de la Polis, la falsedad política también.

Cabe destacar un punto, la prerrogativa cínica afirma una consonancia entre el discurso y la acción, por ello, el cinismo se concreta, más que como una escuela de pensamiento, como una sabiduría plenamente práctica, pues el alcance de la virtud (sea lo que fuere que eso signifique) se da solo en la acción; por ello es discutible la conceptualización del cinismo como escuela filosófica.

Por ejemplo, un profesor anticuario de filosofía, en la Universidad de Costa Rica, especialista en los obituarios de los filósofos de la antigüedad, supone que el carácter no filosófico (en sentido estricto) de los cínicos, provenía de constatar la ausencia de Nous (producto o proceso de la intelección inmediata de aquello que percibe el intelecto o de la apercepción), por tal carencia, los cínicos no entran estrictamente en las filas de los filósofos estrella; sumado a tan garrafal falta, el erudito también señala la inexistencia de material escrito con el cual poder llenar más certeramente sus obituarios… y como ya se sabe…si no escribió…pues no pensó…si no pensó…pues no ingresó…
Dejemos de lado lo anterior.

Bueno, la cuestión es que el dicho cinismo toma su nombre de la apetencia de semejanza que sus fundadores asumían, sobre la vida y la manera de existir de los perros: el perro se echa donde sea, come lo que sea, ladra al amigo y muerde al enemigo, es auténtico respecto a sus deseos, mea, caga y come cuando y donde sea. El cinismo es una manifestación radical e incomprendida, individual, es una ascesis constituida sobre la base del cuidado del sí mismo.

El cinismo plantea algo que deseo rescatar, y es su conciencia práctica, respecto a la finitud y la transitoriedad de la vida humana, sus instituciones así como sus supuestas verdades. El cinismo le cae a todo eso y con burlista ironía, demuestra los contrasentidos entre lo dicho y lo hecho; recae sobre las ataduras artificiales con que se pretende maquillar la esclavitud, con se burocratiza la libertad o se la anula de cuajo. 

El cinismo apela a una libertad radical en el pensar, en el decir y en el actuar. Su carácter iconoclasta y subversivo supone una perspectiva crítica desde la cual fundamentar la vida propia en orden a la libertad y el goce de uno mismo, por encima de los artificios de la dominación, los ideologemas de la falsa convivencia, las fragmentaciones de la individualidad y las trampas de la vida social.

El potencial político del cinismo contrasta con las versiones pueriles de convivencia moderna, sus instituciones creadoras de dependencia, paternalismo colectivo así como infantilismos diversos: emocionales, políticos, ideológicos.

El filósofo cínico muerde, mea, caga y dice lo que siente donde sea, cuando sea, como sea: a este carácter se le denomina parresia cínica, es la capacidad ascética de actuar en orden a lo que se piensa, expresándolo con independencia del contexto de habla. 

Explico un poco mejor: el cínico parresiasta apela a decir lo que piensa y hacer lo que desea, sin importar lo que hay en juego, ya sea su posición o su vida misma, pues, en conformidad con la virtud que se busca y se cultiva, es preferible siempre apelar a la verdad de los hechos y de la reflexión, que la continuidad  de la mentira, la falsedad y las relaciones que dan cuerpo a todo ello.

A mi modo de ver y de actuar, el cinismo posee un potencial fuerte con el cual asumir y ejercer resistencia política, higiene moral así como goce y placer espiritual.



Ya lo decía Nietzsche en su Ecce homo: “El cinismo es lo más elevado que puede alcanzarse en la tierra; para conquistarlo hacen falta los puños más audaces y los dedos más delicados”


MUF

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