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| Servicio sanitario blanco, estándar. |
No hace mucho, compartía yo unos tragos con un cierto sociólogo rehabilitado del tedio académico, conversábamos sobre la domesticación universitaria que refrena el ímpetu creativo así como la delicadeza con que hay que frecuentar a los posers intelectuales: no hay de otra, mucho menos si se desea hacer carrera en la educación superior, ya sea desde la etapa estudiantil, hasta la vida laboral como profesor. En algún punto de la conversación, nos volcamos a pensar en las ferias vocacionales y la manera en que las carreras universitarias presentan su quehacer a los estudiantes de secundaria.
Tanto él como yo, referimos experiencias, lo que vimos y lo que en algún momento sentimos cuando frecuentamos los stands de nuestras carreras (éramos estudiantes aun): no hay mucho que definir, la sensación común era la muerte -putrefacta, seca, estéril- de algo que bien podría estar vivo o al menos berreando, brincando, mas no encontramos más que malos alientos, lugares comunes, panfletos trasnochados y jachas acartonadas de tanto leer en latín.
Bueno, la cuestión es que, en tan sórdido escenario, no evitamos pensar posibles alternativas, eso sí, solamente posibles al dejar de lado la pesadez de profesores y estudiantes enajenados o iluminados en exceso.
Claro, se entraba al stand y uno se encontraba un remedo de caverna de Platón, hecha (más mal que bien) con papel craft medio pintado con sprays; fácticamente deplorable; pero, si tan solo se hubiese quedado en ello...lo peor era el acompañamiento discursivo que venía a colación: llegaban los estudiantes de colegio e inmediatamente se les abordaba con la pregunta ¿usted sabe qué es eso? (en referencia al adefesio de Platón); los jóvenes no hacían más que devolver la pregunta; cosa que daba pie, ahora sí, a la sarta de explicaciones medio logradas sobre lo que la pelota de papel representaba y lo que decía el mito de la caverna, para luego...oh silogismo, concluir la importancia de pensar para salir del hueco que se imaginó Platón, donde nos dominan las sombras y estamos atados.
Ojalá se hubiese cronometrado cuantos minutos se duraba en la tontera esa, al menos se habría sacado alguna estadística útil o alguna moraleja. Lo otro que habría que abordar, con rigor hermenéutico, eran las caras de los colegiales, todo el tedio y las ganas de no vivir (sin exagerar); o risas contenidas por el respeto ritual de visitar la universidad.
A cagar se ha dicho
El sociólogo rehabilitado proponía, al menos, un eslogan interesante, ante tanta tontera, plantar en medio stand, un inodoro para interacción y beneplácito de los comensales: la taza vendría con el lema "CAGUE UNA IDEA" y se administrarían papeles con la intención de llenar de ideas el tan filosófico instrumento. Lo que en adelante llamaremos "la deposición intelectiva" pretendería ser una lluvia de ideas sobre cualquier tema, sobre cualquier cosa, sobre lo que fuere, pues de eso se trata el quehacer filosófico: al menos plantearse la emergencia de enfocar la mente en algo para ejercicio del criterio, o como ya lo mencionaba Barthes de forma más elegante "No hay temas banales sino formas banales de abordar temas" (cito de memoria, excusen).
Nada más humano como deponer, como arrojar al mundo (una de esas imágenes gratas al discursillo filosófico) cuanta materia sobreabunde en la tripa o en la mente...En otro espacio me referí, ya hace rato, a la semejanza, coextensión y semántica existente entre el pensamiento filosófico y la actividad fecal, no redundaré el tema, sino para recordar que, tanto aflora el pensamiento como afloran las ganas de cagar, y, tan consubstanciales son ambas, que difícilmente se establezca jerarquía entre ellas.
Al menos así fantaseábamos con una manera un poco más viva de plantear la invitación al pensamiento que los profesores y estudiantes pretendían hacer...al menos así asumimos en su momento, qué sería más cercano a un colegial actual...¿la caverna de Platón...o el inodoro de MUF?
MUF
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