Marginalidad escenificada
Todos estamos
familiarizados con la serie televisiva “El Chavo del 8”, creación
de Roberto Gómez Bolaños, quien, a su vez, interpreta al Chavo. En torno a esta
serie se han planteado múltiples interpretaciones referidas, tanto a su
contenido temático y estético, así como por su recepción masiva (la cual abarca
países de habla castellana así como doblajes a diversos idiomas).
Lo que nos
interesa, de momento, es establecer algunos lineamientos sobre la relación de
dicha serie con sus motivos de marginalidad y empobrecimiento: El Chavo del 8
plantea la vida cotidiana en una vecindad urbano-marginal mexicana (no se
especifica en qué municipio se desarrolla) en la década de los años setentas
(hay sobradas referencias a tal temporalidad, principalmente al referir figuras
futbolísticas de la época).
Los habitantes
de la vecindad son personajes pintorescos, los cuales presentan una sobrecarga
de características que acentúan, mejor o peor, el estrato social al cual
pertenecen, sus fortalezas y debilidades, sus angustias, sus carencias, y la
forma en que interactúan entre sí y hacia diversos conflictos (estos van desde
lo monetario, la fe religiosa, las necesidades, el amor, los festejos, los
miedos sobrenaturales, la discriminación, entre otros).
Cabe señalar,
de momento, algunos ejes temáticos en torno a los conflictos existenciales de
los personajes: Ron Damón (Don Ramón) y Doña Florinda, ambos
padres viudos, con un hijo a su cuidado, compiten tácitamente sobre cómo dar
crianza a sus hijos, por un lado, doña Florinda, al ostentar un ingreso
constante de dinero, ni alto ni bajo, puede ser todo lo consentidora y
permisiva con su hijo Kiko, consiente cada uno de sus caprichos y los
convierte en un motivo de diferenciación social respecto del resto de los
vecinos.
Por su parte, Ron Damón, de actitud cínica, desenfadada y
oportunista, se desentiende de su hija Chilindrina, esta hace todo lo que
le da la gana, es cínica, embaucadora, interesada así como llorona. Ron
Damón le pone atención solamente cuando hay que regañarla o pegarle. No se
preocupa por dar consentimientos tales como los da Doña Florinda, por el
contrario, se burla de ella por tales motivos.
La Bruja
del 71
(La Srita Clotilde), mujer pensionada, arde en pasión por su vecino Ramón, lo
desea y lo corteja en cada ocasión posible. Al ser una mujer sin historia, le
es sencillo a lo niños imaginarla como una bruja diabólica.
El señor Barriga
(Zenón Barriga y Pesado) es el propietario de la vecindad, mes a mes cobra la
renta y debe lidiar con las excusas de Ron Damón para evadir el pago. Es
recibido con una diversidad de golpes cada vez que visita su vecindad (desde un
escobazo hasta un golpe con una bacinilla).
El Profesor Jirafales
interactúa en dos contextos con los personajes: en sus clases caóticas y en sus
visitas de cortejo constante a doña Florinda. Siempre es víctima de
algún tipo de embuste por parte de los niños o Ron Damón; su marcada
intelectualidad le ayuda algunas veces a tomar ventaja en los conflictos, pero
rápidamente se torna un motivo de burla dada la ingenuidad que acarrea el
personaje.
Jaimito el Cartero es un señor de avanzada edad, cartero como
su nombre lo indica, es presentado como holgazán, nostálgico de su utópico Tangamandapio
(un pueblito allá entre las montañas...etc...etc...), siempre desea evitar
la fatiga, por lo cual, aprovecha la presencia de los niños para que
concluyan su trabajo.
Ñoño es el hijo del Señor
Barriga, es un gordo adinerado, dada su procedencia social, su gordura así como la de su padre, son
motivos de burla y de chiste para los niños y Ron Damón.
La Popis
es sobrina de doña Florinda, es una niña acusetas, cursi, constantemente
amenaza con acusar a los demás niños, siempre aporta algún motivo de envidia o
burla a la Chilindrina. Kiko
es un cachetón, rajón, juega de vivo y llorón prepotente, continuamente sus
caprichos le meten en problemas con los demás niños y afectan a Ron Damón
con los continuos malentendidos en que cae con Florinda.
El Chavo es
un niño sin historia, sin nombre, sin procedencia, sin pasado. Es el
protagonista de la serie, se inmiscuye en cada situación y con cada uno de los
demás personajes, saca de sus casillas a cada vecino con sus ocurrencias,
metidas de pata y constantes pleitos. Siempre está hambriento y por tanto,
trata de sacar ventaja en cada ocasión con tal de comer algo, su horizonte
utópico es, cruelmente, comer tortas de jamón.
La vecindad es
un conjunto de viviendas ordenadas de manera circular en torno a un patio
común, este funge como tendedero, centro de juegos y de paso para todos los
vecinos. En mucho capítulos se puede apreciar un marcado conflicto por el
dominio de este espacio, ya sea por que un vecino lo obstruye, lo afea, lo
ensucia o toma más espacio de el que debe tomar. La disposición de las viviendas, forzudamente, interpela a que cada vecino esté pendiente de lo que los demás
hacen y así, queriendo o sin querer queriendo, cada vecino se involucre
en situaciones y en problemas.
Imaginario social sobre la pobreza y marginalidad en el Chavo del 8
En
el ángulo pintoresco, la pobreza legitimada como una forma de existencia (y a
veces de vida) autónoma y paralela a la de los no-pobres, gesta programas como El Chavo del 8,
los cuales satirizan la situación de empobrecimiento, legitiman y naturalizan
el actual orden de las cosas, así como anulan una perspectiva crítica sobre el
tema de la marginalidad al arrojar una mirada pintoresca, compasiva y llena de
una seudo-ternura hacia las “ocurrencias” de los pobres: sus tonteras,
descuidos, falta de inteligencia, idiotez y polémicas.Se puede puntualizar algunos aspectos claves sobre el imaginario de la
pobreza en dicha serie a partir de algunos estereotipos sociales, prejuicios y
relaciones propias de la serie o personajes.
Los personajes de El Chavo del 8 comparten
un rasgo fundamental: la agresión como forma de violencia estructural y
sistemática. Esta funge varios roles, ya sea como resolución ante los
conflictos, castigo y reprimenda autoritaria, venganza y desahogo, además de
ser la misma violencia la que cataliza y crea un circulo vicioso perenne de
agresión que crea agresión.
Los personajes de la serie participan de estereotipos sociohistóricos
desde los cuales se anuda el tejido del imaginario social: El Señor Barriga,
acaudalado, adulto propietario, medianamente educado presenta una mirada
compasiva hacia los marginales de su vecindad, en ocasiones se apiada de las
tonterías de los niños o la pobreza de Ron Damón. Se enternece de la miseria de este último y
termina condescendiendo ante sus carencias. Se apiada también del Chavo,
y en el mejor sentido de la caridad cristiana, brinda dádivas al niño, mas no
hace nada por cambiar la situación existencial del Chavo, sino que
provee paliativos momentáneos contra el hambre de este, así, el Chavo
seguirá siendo un marginal digno de la caridad de los pudientes.
Por su parte, La Bruja del 71 plantea una situación similar de
estereotipo social, desde la mirada masculina de una sociedad machista: es
presentada como una mujer sin historia personal, presuntamente menopáusica,
necesitada de un hombre (Ron Damón), al ser una mujer sola, la cual vive
con su mascota (Satanás), es tratada como una extraña, una bruja. Es una
mujer pensionada y sola, sobre la cual nadie tiene ningún interés social.
El
Profesor Jirafales (Maestro Longaniza) aporta cierta sensatez dada su
condición de trabajador intelectual, cultivado y refinado, sin embargo, estas
condiciones constantemente son ridiculizadas en cada situación en la cual
participa. Es un adulto solterón, solo, sin historia, el cual se escuda
idílicamente en su intelectualidad y en
su romance eterno con doña Florinda.
Jaimito el Cartero repite
constantemente un estribillo...Es para evitar la fatiga…el espectador de
manera automática, identifica tal frase con una cierta holgazanería en el
cartero, sin embargo, dada su condición etaria (avanzada edad), es comprensible
su deseo de evitar cualquier fatiga que lo haga desfallecer. Es uno más de los
miles de trabajadores que no cuentan con una pensión digna y deben trabajar
hasta que llegue su muerte, pues no cuentan con condiciones para su jubilación.
La constante referencia a su pueblo natal refuerza su carácter de añorar una
vida con la que ya no cuenta y nunca logrará alcanzar de nuevo.
Doña Florinda sufre presión del imperio
masculino y del machismo del mexicano promedio, por tanto, constantemente se
escuda en una dudosa categoría de alta sociedad, la cual ostenta cada vez que
puede para diferenciarse de los demás y se escuda también en su carácter
peleonero, agresivo, efervescente y por supuesto en no escuchar a nadie, pues
están por debajo de su estrato social. Este cúmulo de aspectos se condensan en
la crianza enfermiza de su hijo Kiko, al ser una madre viuda y
presionada por los entornos, trata de suplir la carencia de un padre para su
hijo, dotando a este de cuanto antojo y capricho absurdo tenga. Su
enamoramiento idílico con el Profesor Jirafales, es típico de su
ambición por diferenciarse socialmente: jamás entablaría una relación con una
tipo de clase baja.
Ron Damón es un descendiente de los pachucos mexicanos de
los años 40: es un tipo que alardea de haber conocido mundo, de haber oficiado
múltiples trabajos y ostenta un cúmulo de experiencias de dudosa procedencia.
Es un cínico que vive día a día y desde el cual no se plantea responsabilidad
social alguna, con él no hay compromiso de ninguna índole.
El Chavo es
quizás el personaje que sintetiza mayores aspectos del imaginario establecido:
es un anónimo, si bien tiene un apodo, nunca hay ocasión de saber su nombre,
cada vez que aportará algún dato sobre sí mismo se da alguna situación por la
cual este sigue siendo un extraño. No tiene edad ni nombre ni procedencia. No
tiene familia ni medios para subsistir, está a la orden de la caridad: come,
estudia y juega por la caridad de los otros, mas estos no hacen nada por
cambiar su condición existencial, más bien, perpetúan su miseria le empobrecen
día a día con sus reclamos, con su caridad y con su agresión. El Chavo es el niño que día a día
muere anónimamente en cualquier calle del mundo.
Son múltiples las derivas interpretativas según las cuales la vecindad
del chavo refleja y reproduce un imaginario específico sobre la pobreza:
demuestra la pobreza como algo que siempre ha estado allí, y es inamovible,
algo que es parte del mundo. Claramente, El Chavo del 8 da
por descontado cualquier alusión al proceso sociohistórico por el cual el empobrecido
es una producción cultural situada y vinculante, deja de lado toda alusión a
los contextos de gestación de cada habitante de la vecindad, más bien, los
insinúa en un eterno presente lleno de violencia, torpeza y sin ninguna
expectativa real de desarrollo. Queda por discutir qué papel representa la
violencia en este medio expresivo, si es un fiel reflejo de la realidad o si se
plantea como una crítica del estado actual de las cosas.
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