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domingo, 19 de febrero de 2012

El Chavo del 8: la marginalidad escenificada...

Marginalidad escenificada


Todos estamos familiarizados con la serie televisiva “El Chavo del 8”, creación de Roberto Gómez Bolaños, quien, a su vez, interpreta al Chavo. En torno a esta serie se han planteado múltiples interpretaciones referidas, tanto a su contenido temático y estético, así como por su recepción masiva (la cual abarca países de habla castellana así como doblajes a diversos idiomas).

Lo que nos interesa, de momento, es establecer algunos lineamientos sobre la relación de dicha serie con sus motivos de marginalidad y empobrecimiento: El Chavo del 8 plantea la vida cotidiana en una vecindad urbano-marginal mexicana (no se especifica en qué municipio se desarrolla) en la década de los años setentas (hay sobradas referencias a tal temporalidad, principalmente al referir figuras futbolísticas de la época).  

Los habitantes de la vecindad son personajes pintorescos, los cuales presentan una sobrecarga de características que acentúan, mejor o peor, el estrato social al cual pertenecen, sus fortalezas y debilidades, sus angustias, sus carencias, y la forma en que interactúan entre sí y hacia diversos conflictos (estos van desde lo monetario, la fe religiosa, las necesidades, el amor, los festejos, los miedos sobrenaturales, la discriminación, entre otros).

Cabe señalar, de momento, algunos ejes temáticos en torno a los conflictos existenciales de los personajes: Ron Damón (Don Ramón) y Doña Florinda, ambos padres viudos, con un hijo a su cuidado, compiten tácitamente sobre cómo dar crianza a sus hijos, por un lado, doña Florinda, al ostentar un ingreso constante de dinero, ni alto ni bajo, puede ser todo lo consentidora y permisiva con su hijo Kiko, consiente cada uno de sus caprichos y los convierte en un motivo de diferenciación social respecto del resto de los vecinos. 


Por su parte, Ron Damón, de actitud cínica, desenfadada y oportunista, se desentiende de su hija Chilindrina, esta hace todo lo que le da la gana, es cínica, embaucadora, interesada así como llorona. Ron Damón le pone atención solamente cuando hay que regañarla o pegarle. No se preocupa por dar consentimientos tales como los da Doña Florinda, por el contrario, se burla de ella por tales motivos.

La Bruja del 71 (La Srita Clotilde), mujer pensionada, arde en pasión por su vecino Ramón, lo desea y lo corteja en cada ocasión posible. Al ser una mujer sin historia, le es sencillo a lo niños imaginarla como una bruja diabólica. 


El señor Barriga (Zenón Barriga y Pesado) es el propietario de la vecindad, mes a mes cobra la renta y debe lidiar con las excusas de Ron Damón para evadir el pago. Es recibido con una diversidad de golpes cada vez que visita su vecindad (desde un escobazo hasta un golpe con una bacinilla). 


El Profesor Jirafales interactúa en dos contextos con los personajes: en sus clases caóticas y en sus visitas de cortejo constante a doña Florinda. Siempre es víctima de algún tipo de embuste por parte de los niños o Ron Damón; su marcada intelectualidad le ayuda algunas veces a tomar ventaja en los conflictos, pero rápidamente se torna un motivo de burla dada la ingenuidad que acarrea el personaje. 


Jaimito el Cartero es un señor de avanzada edad, cartero como su nombre lo indica, es presentado como holgazán, nostálgico de su utópico Tangamandapio (un pueblito allá entre las montañas...etc...etc...), siempre desea evitar la fatiga, por lo cual, aprovecha la presencia de los niños para que concluyan su trabajo.
Ñoño es el hijo del Señor Barriga, es un gordo adinerado, dada su procedencia social,  su gordura así como la de su padre, son motivos de burla y de chiste para los niños y Ron Damón


La Popis es sobrina de doña Florinda, es una niña acusetas, cursi, constantemente amenaza con acusar a los demás niños, siempre aporta algún motivo de envidia o burla a la ChilindrinaKiko es un cachetón, rajón, juega de vivo y llorón prepotente, continuamente sus caprichos le meten en problemas con los demás niños y afectan a Ron Damón con los continuos malentendidos en que cae con Florinda.


El Chavo es un niño sin historia, sin nombre, sin procedencia, sin pasado. Es el protagonista de la serie, se inmiscuye en cada situación y con cada uno de los demás personajes, saca de sus casillas a cada vecino con sus ocurrencias, metidas de pata y constantes pleitos. Siempre está hambriento y por tanto, trata de sacar ventaja en cada ocasión con tal de comer algo, su horizonte utópico es, cruelmente, comer tortas de jamón.

La vecindad es un conjunto de viviendas ordenadas de manera circular en torno a un patio común, este funge como tendedero, centro de juegos y de paso para todos los vecinos. En mucho capítulos se puede apreciar un marcado conflicto por el dominio de este espacio, ya sea por que un vecino lo obstruye, lo afea, lo ensucia o toma más espacio de el que debe tomar.  La disposición de las viviendas, forzudamente, interpela a que cada vecino esté pendiente de lo que los demás hacen y así, queriendo o sin querer queriendo, cada vecino se involucre en situaciones y en problemas.


Imaginario social sobre la pobreza y marginalidad en el Chavo del 8



En el ángulo pintoresco, la pobreza legitimada como una forma de existencia (y a veces de vida) autónoma y paralela a la de los no-pobres, gesta programas como El Chavo del 8, los cuales satirizan la situación de empobrecimiento, legitiman y naturalizan el actual orden de las cosas, así como anulan una perspectiva crítica sobre el tema de la marginalidad al arrojar una mirada pintoresca, compasiva y llena de una seudo-ternura hacia las “ocurrencias” de los pobres: sus tonteras, descuidos, falta de inteligencia, idiotez y polémicas.Se puede puntualizar algunos aspectos claves sobre el imaginario de la pobreza en dicha serie a partir de algunos estereotipos sociales, prejuicios y relaciones propias de la serie o personajes.


Los personajes de El Chavo del 8 comparten un rasgo fundamental: la agresión como forma de violencia estructural y sistemática. Esta funge varios roles, ya sea como resolución ante los conflictos, castigo y reprimenda autoritaria, venganza y desahogo, además de ser la misma violencia la que cataliza y crea un circulo vicioso perenne de agresión que crea agresión.


Los personajes de la serie participan de estereotipos sociohistóricos desde los cuales se anuda el tejido del imaginario social: El Señor Barriga, acaudalado, adulto propietario, medianamente educado presenta una mirada compasiva hacia los marginales de su vecindad, en ocasiones se apiada de las tonterías de los niños o la pobreza de Ron Damón.  Se enternece de la miseria de este último y termina condescendiendo ante sus carencias. Se apiada también del Chavo, y en el mejor sentido de la caridad cristiana, brinda dádivas al niño, mas no hace nada por cambiar la situación existencial del Chavo, sino que provee paliativos momentáneos contra el hambre de este, así, el Chavo seguirá siendo un marginal digno de la caridad de los pudientes.


Por su parte, La Bruja del 71 plantea una situación similar de estereotipo social, desde la mirada masculina de una sociedad machista: es presentada como una mujer sin historia personal, presuntamente menopáusica, necesitada de un hombre (Ron Damón), al ser una mujer sola, la cual vive con su mascota (Satanás), es tratada como una extraña, una bruja. Es una mujer pensionada y sola, sobre la cual nadie tiene ningún interés social. 


El Profesor Jirafales (Maestro Longaniza) aporta cierta sensatez dada su condición de trabajador intelectual, cultivado y refinado, sin embargo, estas condiciones constantemente son ridiculizadas en cada situación en la cual participa. Es un adulto solterón, solo, sin historia, el cual se escuda idílicamente en su  intelectualidad y en su romance eterno con doña Florinda


Jaimito el Cartero repite constantemente un estribillo...Es para evitar la fatiga…el espectador de manera automática, identifica tal frase con una cierta holgazanería en el cartero, sin embargo, dada su condición etaria (avanzada edad), es comprensible su deseo de evitar cualquier fatiga que lo haga desfallecer. Es uno más de los miles de trabajadores que no cuentan con una pensión digna y deben trabajar hasta que llegue su muerte, pues no cuentan con condiciones para su jubilación. La constante referencia a su pueblo natal refuerza su carácter de añorar una vida con la que ya no cuenta y nunca logrará alcanzar de nuevo.


Doña Florinda sufre presión del imperio masculino y del machismo del mexicano promedio, por tanto, constantemente se escuda en una dudosa categoría de alta sociedad, la cual ostenta cada vez que puede para diferenciarse de los demás y se escuda también en su carácter peleonero, agresivo, efervescente y por supuesto en no escuchar a nadie, pues están por debajo de su estrato social. Este cúmulo de aspectos se condensan en la crianza enfermiza de su hijo Kiko, al ser una madre viuda y presionada por los entornos, trata de suplir la carencia de un padre para su hijo, dotando a este de cuanto antojo y capricho absurdo tenga. Su enamoramiento idílico con el Profesor Jirafales, es típico de su ambición por diferenciarse socialmente: jamás entablaría una relación con una tipo de clase baja.


Ron Damón es un descendiente de los pachucos mexicanos de los años 40: es un tipo que alardea de haber conocido mundo, de haber oficiado múltiples trabajos y ostenta un cúmulo de experiencias de dudosa procedencia. Es un cínico que vive día a día y desde el cual no se plantea responsabilidad social alguna, con él no hay compromiso de ninguna índole. 


El Chavo es quizás el personaje que sintetiza mayores aspectos del imaginario establecido: es un anónimo, si bien tiene un apodo, nunca hay ocasión de saber su nombre, cada vez que aportará algún dato sobre sí mismo se da alguna situación por la cual este sigue siendo un extraño. No tiene edad ni nombre ni procedencia. No tiene familia ni medios para subsistir, está a la orden de la caridad: come, estudia y juega por la caridad de los otros, mas estos no hacen nada por cambiar su condición existencial, más bien, perpetúan su miseria le empobrecen día a día con sus reclamos, con su caridad y con su agresión.  El Chavo es el niño que día a día muere anónimamente en cualquier calle del mundo.


Son múltiples las derivas interpretativas según las cuales la vecindad del chavo refleja y reproduce un imaginario específico sobre la pobreza: demuestra la pobreza como algo que siempre ha estado allí, y es inamovible, algo que es parte del mundo. Claramente, El Chavo del 8 da por descontado cualquier alusión al proceso sociohistórico por el cual el empobrecido es una producción cultural situada y vinculante, deja de lado toda alusión a los contextos de gestación de cada habitante de la vecindad, más bien, los insinúa en un eterno presente lleno de violencia, torpeza y sin ninguna expectativa real de desarrollo. Queda por discutir qué papel representa la violencia en este medio expresivo, si es un fiel reflejo de la realidad o si se plantea como una crítica del estado actual de las cosas.




MUF




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