la pérdida de los vínculos paternos autoritarios,
-dentro de una perspectiva social general- a un aumento
En realidad -al menos según Freud- cabría esperar lo contrario.
Es necesario, por el momento, valerse de una abstracción funcional al análisis y a las proposiciones que deseo discutir. Vale entonces retomar la categoría abstracta "sociedad costarricense" como el cúmulo de interacciones, actores sociales, procesos, productos, simbólicas, instituciones, mecanismos de inclusión y de exclusión históricos, entre otros, que se han gestado, al menos desde la primera mitad del siglo XX, en Costa Rica, los cuales dan por resultado lo que llamaremos sociedad costarricense o los "ticos". La aclaración es pertinente por algunos motivos concretos: 1) la realidad desborda el discurso la mayoría de la veces; 2) es más funcional el paso de lo abstracto a lo concreto en la dimensión analítica; 3) bien que mal, todos estamos metidos en esto que se llama ser ticos.
De momento esto son algunos apuntes o crónicas de lo que observo, cercanas a la reflexión crítico-filosófica.
La actitud costarricense hacia el sexo se construye, más o menos, desde una base social y afectiva afincada en otro tipo de valores, no necesariamente relativos a la sexualidad, sino, más bien, a la base moral religiosa del catolicismo, esta como articulación de todo valor, actitud, discurso corpóreo y juicio. Je...como se nota, el catolicismo está a caballo entre lo filogenético y lo ontogénetico, en tanto concreción religiosa de seguridad en el vacío, como respuesta en la interrogante, y como sentido de unidad y comprensión: solo pongan atención a la resolución y soberbia con que se expresa la gente muy religiosa o la gente recién conversa, su paternalismo, adultocentrismo, y soberbia. Bueno.
En el ámbito de la sexualidad, a nivel institucional, tomando institución a partir de la organización de sentidos y prácticas que se gestan, la educación no aporta mayor criterio con el cual crear una preparación afectiva, funcional ni mucho menos ilustrada del asunto. Todos sabemos (o nos hemos dado cuenta recientemente) el papel y metida de cuchara que da la Conferencia Episcopal en el tema de la educación sexual para la población joven.
El MEP, en sus diferentes dominios y departamentos, cuanta con jerarcas técnicos, en todo lo tocante a competencias didácticas y pedagógicas, así como la dimensión administrativa. Es de suponer que todos esos actores poseen las competencias pertinentes y comprobables del caso, por el ejemplo, el asesor técnico en pedagogía encierra su trayectoria así como una formación académica que le facultan puntualmente, no es un mae cualquiera, un ingeniero o abogado, sino un educador.
Ahora bien, como vengo diciendo, el Ministerio opta por delegar competencias en departamentos bien definidos, sin embargo, a la hora de procesar materia, recursos y estrategias relativas a la educación sexual, por motivos institucionalmente "misteriosos" pero popularmente sabidos, los técnicos del caso son sacerdotes, o personeros de la iglesia católica...yo no voy a discutir qué saben o no saben de sexualidad esos tipos...fijo no saben ni papa o solo conocen la información de manuales: ojo que una cosa es saber, con toda la densidad semántica del concepto, su sentido práctico y cotidiano; y otra muy diferente es conocer, con todo su alcance cognoscitivo y procesal de informaciones. Para parafrasear un manual no se ocupa un doctorado, mucho menos para un copy-paste.
La sensibilidad histórica del costarricense, en lo tocante al sexo, es polidimensional y sincrética, pues, por un lado, en el ámbito público, demuestra un manejo del pudor, lo "políticamente correcto", una escala de valores muy religiosamente definida así como una discreción críptica en todo lo tocante a la sexualidad humana: verse y saberse políticamente y moralmente correcto en las opiniones respeto al sexo....en la esfera de lo público, y puntualmente en y desde actos de habla que comprometen su interlocución, dado el caso que haya algo en juego, como una reputación, una imagen o lo que sea...jeje...que muchas veces la idiotez, la ignorancia, los prejuicios se maquillan muy bien con la prudencia, la reserva y la humildad...
El ámbito privado del asunto es más emocionante y más desastroso: la educación sexual, así como su práctica y opiniones en torno a ella, tienen referentes comunes y bien definidos: la pornografía (el alba del macho-pingón-tonificado), y la reproducción y perpetuación de la misma mala e impertinente educación en dicha materia (reproducida desde la institucionalidad, la familia o en la calle con amigos o allegados).
En este contexto, todo mundo quiere ser Ron Jeremy, Nacho Vidal o Peter North; así como Silvia Saint, Jenna Jameson, Jena Haze o la nacional Michell López. Todo mundo quiere ser como ellos, cojerse a alguien como ellos o cojer como cojen ellos. No se trata de satanizar la pornografía, por el contrario, el porno abunda y redunda en motivos emancipantes y a la vez enajenantes, la porno es muy rica.
Lo que no es nada rico es la maldita concreción educativa que se tiene, pues por un lado la esfera pública y la esfera privada hacen una amalgama fregada, donde los sujetos se presentan como bipolares en materia sexual: les da pudor y vergüenza, pero destreza y dominio; quieren cuidar-se pero no cuidar; censurar pero exceder.
Ya se va perfilando más el asunto: lo que articula y orquesta esta actitud es la doble moral e hipocresía que se asume y reproduce históricamente. Sin rastrear mucho la cosa, sin ponerle mucha cabeza al asunto, la sensibilidad ideologizada del catolicismo así como de la gran mayoría de religiones desprendidas del cristianismo, aportan los salvoconductos necesarios y concretos para condensar toda esta doble moral: el precepto, según el cual, puedo limpiar mi conciencia luego de cualquier tipo de acto impuro, pecado o la vara que sea; potencia una sensibilidad sobre la cual el tema y la praxis de la responsabilidad se ven cuasi anulados de plano, así, puedo ser una rata inmunda, todo un sabandija con mis congéneres, que, en una rapto o iluminación religiosa, puedo apaciguar mi conciencia de todo la basura que hago o dije.
Para peores, las religiones no solo dan ese salvo conducto, además, para agrandar el combo, ofrecen la posibilidad de tener un Dios-Salvador-Personal, el cual está en todo momento a mi disposición para lavarme la cara y enjuagarme la conciencia. La lógica es simple, de día soy un cabrón, de noche me arrepiento y me gano un pedacito de cielo. Y aparte de ello, me queda la seguridad, respuestas y sentido que la religión reconcilia.
La sociedad costarricense posee un interlocutor que da cuerpo y articula la cotidianidad socio-histórica del tico: el Estado. Como sabemos, nuestro estado es confesional, y dicha disposición se ha naturalizado e incorporado a la sensibilidad costarricense de una manera muy sólida y resuelta, tal es así que el solo hecho de enunciar la separación de Estado e Iglesia se torna toda una violencia, una agresión para ciertas sensibilidades, sino que un contrasentido, pues, dada la naturalización e incorporación a la subjetividad tica, plantear un estado laico es algo irrepresentable, no imaginable, imposible.
Dicho empoderamiento se ha extendido del ámbito propiamente religioso (en su inmanencia) hasta la vida cotidiana y la subjetividad del costarricense en sus aspectos más sutiles, más consubstanciales y constituyentes, de ahí que la relación entre doble moral, hipocresía, ignorancia e irresponsabilidad tengan un marco común teórico y afectivo: la religión como núcleo de sentido y disposición práctica para la acción. Solo piensen en el papel diario que juega la religión afincada en la individualidad de la gente: lo bueno, lo malo, lo admisible o lo inadmisible, lo correcto o lo incorrecto, de manera abstracta o más concreta, se basa en algún tipo de alcance religioso, no ya católico, sino en general religioso...sino solo tengan el ejemplo de tantas bandas legendarias de metal pesado que han debido cancelar una presentación en este país, debido a la negativa institucional de cerrarles la puerta.
Cada relación sexual es una orgía, no solo se refocilan dos personas: en cada cojida van los papás, el cura, el profesor, el amigo, el noticiario, los prejuicios y los estereotipos...todos hacen bulla y meten la cuchara en algo, placer y cariño mutuos son toda una destreza en medio de tanto ruido. Mientras tanto, cada mañana los noticiarios y los programas idiotas, con sus presentadores idiotas, emocionalmente discapacitados, ignorantes, cerrados, falsamente entusiasmados, comunicativamente estúpidos y grandes mierdas ya de por sí; hacen campaña de valores y se rasgan las vestiduras por lo mal que estamos todos, por niñas embarazadas, carajillos piedreros, violencia doméstica y demás cosas de mierda; a su vez, dan gracias de vivir en un país de paz, tan diferente a El Salvador o Nicaragua; dan gracias por la democracia y por el Nobel de la Paz...y por sobre todo...
Le dan gracias a la virgencita por haberse posado aquí en Costa Rica...que sabia la Virgen María...se dio cuenta que Costa Rica es el mejor país de Centroamérica, con la gente más blanquita y más linda. Mierda. Sí.

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