A su vez, la historia del cine no se queda atrás, la memoria fílmica y visual también ha proyectado y empoderado toda una serie de sujetos dignos de recordar, no por sus hazañas pro statu-quo sino por sus necedades y obsesiones: si nos plantean actos valerosos, sublimes o memorables, serán, prioritariamente, sucesos producto del azar, la autoconservación, la bilis negra, o la resolución de su valeberguismo pendenciero.
Quiero presentar a continuación algunos personajes que, a mí juicio, representan una tensión en lo tocante a la vía alterna al modo de vida modernamente burocratizado, vacuo y dependiente que nos toca padecer la mayoría de las veces.
El villano, a grandes rasgos, se enmarca en un mega relato, con coordenadas de sentido bien preestablecidas, con ideales sólidamente cimentados y una visión de mundo cargada de oposición respecto a lo preestablecido per se: es el caso del mad doctor, tipo abominable Dr Phibes (el sublime Vincent Price); o la otredad rara y amenazadora, tipo Fu Manchú; el desquiciado patológico, al estilo de El Guasón (The Joker, para que entiendan); monstruo sádico vengativo y más sádico aun, por ejemplo Freddy Kruger; un incomprendido como Michael Myers (en la versión de Rob Zombie, ergo, desprovista de metafísica); un megalómalo, adinerado y superdotado como Lex Luthor (fundamentalmente los caracteres de "La liga de la Justicia", serie animada); un psicópata anarquizante como Otis B. Driftwood ("La casa de los 1000 cadáveres", de Rob Zombie); entre otros.
Por su parte, el antihéroe condensa una tensión constante entre el proyecto colectivo o social, lo establecido y lo oficialista; con su propia individualidad, su forma de hacer las cosas y su manera de aprovecharlas o gozarlas. Si bien el antihéroe se presenta en esta constante, por lo general prima la acentuación de su individualidad, la demarcación de su estilo de hacer las cosas y los dotes de su cabronada pendenciera, a pesar de que ella le agencie problemas, la no aceptación o la crítica más mojigata, purista, cursi y hedionda por parte de la oficialidad. Otro policía...o seudo-policía, el muy español José Luis Torrente (el brazo tonto de la ley), totalmente desquiciado, utilitarista y fresco...el antihéroe vivazo.
Quiero referirme a otros tipos más cuestionados y cuestionantes, pues su alejamiento y crítica se consuma a mayor escala y es más coextensiva y vinculante a la situación social que nos toca vivir.
En este sentido, recuérdese, en "El Padrino" (Mario Puzo), la reprimenda que da Don Corleone al idiota (ladino si se estira el concepto) Bonasera "Creíste que América era un paraíso. Tenías un buen negocio y vivías muy bien. Pensaste que el mundo era un edén del que podías tomar todo lo bueno que quisieras (...) Ahora acudes a mí diciendo << Don Corleone; quiero que haga justicia... >> Y no sabes pedir con respeto. No me ofreces tu amistad. Vienes a mi casa el día de la boda de mi hija, me pides que mate a alguien..."
Todos sabemos, Don Vito erigió un imperio paralelo al mundo americano, practicó un modo de vida tribal, cerrado, auto-referencial y privado; en el cual la contaminación de la modernidad burocrática pasaría de lejos y no habría la menor transigencia con la burocracia ni las mediaciones.
Similar, respecto de la misma espiritualidad, el Capitán Nemo ("20000 Leguas de Viaje Submarino"), renuncia a la vida social, esta le conduce a alejarse en lo profundo, lejos de la idiotez consumada y empoderada de los usos sociales, su rabia social le lleva a tomar venganza de cuanto estandarte inglés se tope en su camino. En su submarino Nautilus se encuentra todo aquellos que necesita. Su biblioteca ostenta el saber humano que encuentra necesario para su búsqueda, mas solo el necesario, pues, según afirma Nemo, lo humano murió el día que él se sumergió.
Sujetos como estos adversan y se desprenden de lo social, sintetizado en la institucionalidad que guía la forma de vivir de cada individuo, la administración de seudo-libertades y la falsedad de esperanzas colectivas. Su particular disposición condensa un malestar social y subjetivo...y es comprensible y vinculante, cada día se asiste a un carnaval de la idiotez colectiva, elevada a legislación, la estupidez plasmada en códigos tácitamente asumidos, diversas formas inoperantes de sociabilidad, falsos esquemas de lo que es la amistad y reclamos y expectativas en orden a ello.Hay un principio de realidad (sea lo que sea que tal vara signifique) que es inalienable en estas condiciones, no está de más, de nuevo, pensar en el régimen ficcional que sustenta la imaginación que tuvimos mi amigo y yo: darnos cuenta que el paso de la ficción a la realidad es un proceso, por ende, la imaginación es enteramente política y politilizable. Lo que en un principio se planteó como anhelo, es pasible de concretarse en cualquier tipo de horizonte de acción, que agarre, casi que con bisturí cada estúpida representación heroica... recuérdese que aquí lo heroico y lo mesiánico huelen a trampa, a dependencia o conservadurismo.
El carácter heroico y mesiánico resuman la vuelta al orden establecido de las cosas, la descomplejización de la complejidad, así como la necesidad de allanar todo conflicto, reconciliar toda tensión y desarticular cuanto maraña de nuevos sentidos surjan, en paralelo a la visión oficial de las cosas, en contra del orden natural del mundo y adversando los sujetos en posición hegemónica.
Es por ello que el sustento que dan personajes y situaciones como las ya venidas en discusión aportan la carne de la crítica a lo que vivimos, a sus lógicas y a sus estilos de plasmar la realidad y las relaciones humanas.



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