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sábado, 29 de septiembre de 2012

Seminario de realidad nacional #12: Costa Rica la maleducada, o de como la palabra rasga vestiduras, raja calzones y quema conciencias, mierda que sí.



Los últimos días, nuestro país, una vez más, deja de lado sus problemas estructurales, sus debates de fondo, sus males institucionales y su domesticación circense, sí, de nuevo, tal y como cada semana ocurre. Esta vez nos encontramos con la atención de todo mundo socavada hacia la cuasi vetusta figura del ministro de educación, el cual, en un arranque litero-maníaco, publica un fragmento de un cuento o bodrio similar. Le va mal al ministro, es como cuando dicen, tras de cuernos palos o tras de que le va mal se pone para que le den. 

Publica un escrito que juega con los enunciados del padre nuestro, nada del otro mundo. Nada ofensivo ni espeluznante, solo un juego ironizante con los enunciados de la oración: cuál padre, cuál nombre, cuál reino, entre otros alegatos, no repetiré la cosa.

Mal ministro, corrompido, cochino, vulgar, ateo, maloso, peludo, hereje, blasfemo, cainita, satánico, comunista, sucio...sí, eso se escucha en la pulpería, en el bus, en el colegio, en el pretil, en los nightclubs.

Si algo hay que reclamarle a Leonardo es su presunción de imitar los seudo-escritos "literarios" de Alberto Cañas, su poca visión irónica.

No es descabellado proponer como gran fallo de la educación de este país, no de este ministro transitorio, la poca educación en la sensibilidad literaria, la poca reflexión literaria y la completa estulticia para reconocer y entender el carácter y el régimen que sustenta un escrito como el de Leonardo. Sí, falta bastante. Que se meta en la agenda del ministerio uno o varios puntos sobre la total falencia de comprensión, sobre el fallo histórico de los profesores de español de las últimas décadas, pobres desgraciados que no lograron que el costarricense promedio entendiera una metáfora.

De momento saltan algunas otras cuestiones que es plausible discutir, por ejemplo: 1) la distinción entre lo público y lo privado, asumida por un sujeto en un cargo público; 2) la continuidad que se pretende entre las expectativas de fe de un funcionario y la declaración religiosa del país; 3) la presión que se ejerce para que el dicho funcionario "resuelva" su falta; y lo más importante...4) la total indiferencia ante otro tipo de situaciones, radicalmente nocivas, por parte del gobierno, obnubiladas por el desvío de atención que ha causado la estupidez del escrito de Garnier.

En este país los medios de comunicación, ya sabemos que tienen agendas propias y de largo alcance, dictan cuáles son las noticias y cuál es la atención que se debe prestar.  Un ministro que escribe en sus ratos de ocio, y una viceministra que se graba medio chinga; ambos son el diablo, son de lo peor...uy diosito santo...hagan algo por favor, echen a los canallas, expulsenlos del pueblo con antorchas, mientras eso pasa, acá los guardianes del orden moral y político se quedan repartiéndose el queque...y en tajadas desiguales...mierda que sí.
 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Coprolalia: militante, reflexiva, testaruda, necesariamente política...



El término coprolalia refiere la tendencia del ser humano ha proferir indiscriminadamente malas palabras, obscenidades, necedades vulgares, y demás mierdas que le pasen por la cabeza (la jupa, se entiende). Proviene del griego (κόπρος, significa 'heces' y λαλία 'balbucear'), me queda la duda, ¿será que en tiempos de la antigüedad helena, dicha conducta se sedimentaba de manera tal que existía este término con toda su semántica y alcance práctico?; es probable que sí, es probable que a los majaderos que pasaban el día maldiciendo, renegando y blasfemando se les encasillara en esta tendencia.

Coprolalia, en tanto concepto moderno refiere la tendencia patológica a proferir, sin control alguno, todo un arsenal de vocabulario soez. Está catalogada como una patología, la cual escapa de cualquier tipo de límite voluntario, es algo espontáneo más bien. Y quienes lo padecen tienen problemas de índole moral, esto es, problemas con la disposición moral de suprimir o controlar el vocabulario, pues con independencia del contexto, personas o situaciones, mandan a la mierda, re-putean o se le cagan a cualquiera.

Hace unos días yo re-puteaba demasiado a raíz de unas situaciones con el diputado J. Orozco, (el cual es harto putiable) . El sujeto este se gana cualquier madriada, no por pandereta, sino por cerrado, zopenco, animalazo, cabrón misógino y homófobo, además de bruto y acaballado. Algunas personas vieron mi mensaje en facebook y se indignaron, algunos hasta me dijeron, con toda decencia, que me iban a bloquear, pues siempre estoy mandando a la mierda a alguien, siempre estoy recordándole su estupidez a alguien, siempre estoy denostando algún funcionario de gobierno o metiéndome con la iglesia y con la religión.

Bueno, yo me permito, sin ningún tipo de tabú, sin ningún tipo de traba o clausura ideológica, sin la más mínima cláusula de pudor y cordialidad, mandar al carajo aquello que es non grato, detestable o idiota. 
En tiempos como estos, en una sociedad con décadas de domesticación voluntaria, con una institucionalidad como  la que se desbarata poco a poco, con administradores estatales como los que ya todos sabemos; es preciso tomar una posición desde la cual ver y verse a uno mismo. y bueno, a mí me gusta mucho madriar, no lo voy a negar. 

El insulto es un acto político, es una mínima moral. La disminución en la que estamos sumidos y que algunos llaman vida democrática conlleva una despotenciación fatal: la vida ciudadana solo nos deja la fiesta electoral cada cuatro años; de ahí en fuera, poco o nada se interpela el gobierno por la acción de algunos que no le creen. Estos últimos tienen derecho a cagársele, tienen derecho a protestar, a enmierdar su inconformidad, a manifestar simbólicamente su descontento y vocalizar su rabia. El poder es obsceno pero, paradójicamente, se escandaliza ante la resistencia simbólica, ante el arrebato, se indigna ante las palabras soeces. 

La coprolalia es un acto político, es una postura ante la vida, es una resistencia, además es entretenido, dicho sea de paso. La coprolalia politizada involucra una lectura conyuntural del momento, y propone su arsenal léxico con miras a minar desde el lenguaje la mierda que viene institucionalizada. 

MUF