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miércoles, 14 de marzo de 2012

Seminario de realidad nacional #10: Ser un gourmet también es comer mierda...o...breviario de idiotez nacional


"El más viejo truco de la mercadotecnia. Hacer creer al prisionero que su celda fue especialmente diseñada para él. Trágico."...
Yo tengo un truco más, igual de viejo e igual de trágico...hacer creer a ideólogos y tinterillos que son intelectuales, rebuzno va rebuzno viene. Diablos, trágico, mucho.
Esta semana, el cultísimo, el estudiadísimo, el arrechísimo y critiquísimo intelectual orgánico (dícese de aquellos intelectuales nutridos con mierda y despojos) lanzó uno más de sus arrebatos mesiánicos y proféticos. Si una vez lo vimos agudizando sus opiniones sobre las nalgas de Shakira, esta vez lo vemos despotricando contra los pantalones de mezclilla (perdón, los jeans, mezclilla dicen los plebeyos).
A mí me sorprenden ciertas relaciones y dimensiones semánticas en los discursillos de Sagot, por ejemplo, su vocación hegeliana de interpretar la decadencia cultural, de manera amplia y puntual, a partir de los motivos más Más MÁS banales, y a partir de tales motivaciones, tirar y tirar mierda a diestra y siniestra.
Pobrecitos de nosotros, los que usamos mezclilla, sin saberlo, somos presos de la homogeneidad y la esclavitud. Me incluyo en las filas de los galeotes (jeje), pues, aunque ya me liberé de la tiranía de la mezclilla, y  gozo ahora la emancipación del corduroy, siento aun mucha solidaridad hacia los que visten su miseria con las mezclillas de la esclavitud.
Sagot, tal cual nos vamos dando cuenta cada día más, está por encima de todo prejuicio, está más allá del bien y del mal, es más...está por encima del espacio y del tiempo, eso se sabe, está hecho mierda de la salud, pero él ahí sigue. Sagot es la singularidad por antonomasia, es la ira de dios. Sí.
Vean, está bien, todos los que le ponemos un poco de cabeza al asunto nos damos cuenta que en este país no hay una formación ciudadana concreta y de calidad, no hay educación política ni, tampoco, mucho menos, una educación pública que apele a la crítica, la sensatez y la lucidez.
Y con esto no estoy diciendo que se exonere a Sagot de sus continuas caballadas, metidas de pata, acartonadas y trasnochadas opiniones; ni mucho menos que se pasen por alto sus comentarios pro statu-quo, sus posturas ultraconservadoras, sus artículos plenos .de violencia y misoginia, es más, con lo que señalé más arriba, no pretendo, ni un poquito, que nos hagamos de la vista gorda acerca de todas sus opiniones rotundamente alejadas de la realidad nacional, sideralmente lejanas de lo que ocurre en Costa Rica o sus posturas radicalmente prejuiciosas e ignorantes, desinformadas, enajenadas, carentes de perspicacia, e imbéciles. Es más, en un punto que me toca las fibras profundas, no nos hagamos los majes cuando apela a una supuesta formación literaria y filosófica, por lo demás oficialista, ortodoxa, de manual, que pretende ser ilustrada. No, en serio, ni en esto lo excusemos.
No, por favor, no lo exoneremos de nada de esto, más aun teniendo en cuenta que ostenta un cargo público.
Para colmo de males, el diario más imbécil del país se encarga de objetivar sus discursillos.


Su supuesta fenomenología hermenéutica de los jeans redunda en un seudo-balance político de la decadencia moral de aquellos pobres diablos que se ponen la mezclilla: el artículo que publicó es tan hecho mierda y malo que yo no perderé mi tiempo analizando nada, creo que nadie lo haría. Sin embargo, me deja una lección de vida: tal y como están las cosas en el gobierno, sus nombramientos públicos, y las exigencias de los organismos internacionales, bueno, pues yo creo que me dedicaré a publicar algún material discutiendo las implicaciones políticas de los botones y como estos son una propaganda de las clases obreras; o un artículo en que discutiré la disposición esclavista de todos aquellos que abrevian sus palabras en los mensajes de texto; es más, haré una análisis, tan profundo como los de Sagot, en cual expondré la relación macro social e histórica de todos aquellos que comen macarrones y su tendencia a no leer y ser esclavos plebeyos. Creo que si me la juego así, bien podré ser ministro de cultura o premio Nobel.

MUF

1 comentario:

  1. por ejemplo, su vocación hegeliana de interpretar la decadencia cultural, de manera amplia y puntual, a partir de los motivos más Más MÁS banales

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