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domingo, 4 de marzo de 2012

Seminario de realidad nacional # 8: Killing me softly o un salvavidas en este mar de caca



La asamblea legislativa dio luz verde a la ley de regulación anti-tabaco. Por esta vez no tengo mucho que decir...sino que, bueno, pudieron haberlo hecho con más agilidad y rapidez. Está bien. Resta esperar que reacciones legales vendrán. 

Según el sondeo de opinión (el cual no referiré en este momento), los fumadores no están de acuerdo (eso es obvio y comprensible) y los comerciantes, tanto de expendios así como los dueños de bares y centros recreativos, se oponen y alegan la parcialidad que supone y da cuerpo a la implantación de dicha ley.

Me llaman la atención, gástrica y biliosamente, los argumentos que se esgrimen en torno al tema del consumo regulado de tabaco. Como algunos pocos sabrán, soy muy generoso (je) por tanto, no he tenido ningún miramiento en, por comodidad, llamar argumentos a los berreos de quienes se oponen.  

El principal núcleo significativo en sus alegatos es que "esa ley atenta contra la libertad del consumidor"; "esa ley solo favorece a unos y deja de lado a otros"; "esas leyes violan la libertad, así comienzan las dictaduras"; entre otros. Doy importancia a estos lugares comunes, por un hecho simple de percibir y enunciar, pero harto complejo en su tratamiento: la apelación a la libertad, como algo individual  ("esa ley atenta contra la libertad del consumidor") así como proyecto colectivo ("esas leyes violan la libertad, así comienzan las dictaduras").

Si bien no vivimos en el mejor de los mundos posibles, hay que saber remar y abrirse camino en el barrial  de tierra y mierda que habitamos; por ende, la forma en que la institucionalidad de este país, sus premisas de gobernabilidad así como la vida cotidiana que se vive o se padece por sectores, plantean mecanismos desde los cuales vetar leyes y obstruir procesos (sería lindo tener el dato exacto de cuanto proyecto sensato y necesario se halla inconcluso en el plenario); este carácter ambiguo, medias tintas e insulso muy propio del costarricense (sí, así lo digo, categorialmente) se traduce en la vida política, desde las formas más inesperadas de idiotez social y enmierdamiento cotidiano. 

Pero ¿qué se puede esperar? no hay que meter profundo el dedo en la llaga para sacar pus: el costarricense promedio (disculpen la abstracción, no queda de otra) no posee una educación política básica, cuenta, más bien, con una sensibilidad política ideologizada, nutrida desde dos ejes discursivos, por un lado, el discurso de la Costa Rica democrática,  por otro, el de la Costa Rica pacífica. Qué insensatez. Diablos.

Esa sensibilidad articula cuanto contenido substancial y práctica formal se sedimenta como seudo acto o seudo acción política. Lo digo de otra forma: el tico resiente cualquier medida, decisión, directriz o normativa que ponga en jaque su muy tranquila forma de ser y de actuar. Cuanto se postule o proyecte como obstáculo a esa cómoda forma de vivir, alegre y pacífica (recuerden que Costa Rica es el país más feliz) será inmediatamente asimilado como obstrucción a la libertad, y se reconfigurará desde el marco categorial (recuerden lo generoso que soy...je) de los discursos de la patria democrática y la vida pacífica del tico...de la suiza centroamericana. 

Un aspecto importante a destacar es el mecanismo de mediación discursiva que hay: ¿cómo emana tal idea de la libertad pacífica y democrática?. Hay aspectos claves desde los cuales dibujar la ruta de esa mediación: por un lado el sistema (des)educativo de este país; por otro lado, los medios de comunicación en su faceta abiertamente propagandista y en su faceta solapadamente lava-cerebros. Ni falta que hace una educación política ni una visión politizadora, de eso se encargan bichos como Édgar Silva, Ignacio Santos, Camilo Rodríguez, Jacques Sagot o todo el elenco de la Comedia Legislativa y de Combate.

Toda la ausencia de educación política, de criterio ciudadano, la manifestación de idiotez sistemática, la concreción de la anomia fantasmal, la ideologización de la sensibilidad excepcional del tico, toda esta hediondez se concreta y sedimenta en la apelación y reclamo por la seudo-libertad. Y ojo, yo estoy totalmente de acuerdo, radicalmente, con la vivencia de la libertad concreta, no colonizada ni administrada, libre o al menos, garantizada por alguna institución que se asuma como democrática y desde el estado de derecho más próximo, hay que ser realistas al menos en este caso. 

Sin embargo, lo que se perfila aquí no es más que la carencia de educación política transversal a cada estamento de la vida de este país: las mismas leyes suponen vacíos (FAIL!), los diputados no tienen educación; el ciudadano promedio no tiene educación:  opina lo que se diga en 7 Días o en Giros o en Buen Día...qué desgracia...

¿Será el tema de la libertad lo que hay de fondo en tanto reclamo por la nueva regulación del consumo de tabaco? Yo considero, así, de plano, que no. Si bien es cierto, la recepción sensible del asunto toca en primer lugar las opciones de la libertad individual, pero no se busca comprender más allá de esta sensibilidad fracturada por el habitus hegemónico, por violencias simbólicas que han imperado. Cero reflexión y se vuelve una opción, cómoda e inmediata, la recepción de todo a partir de los discursos ideologizados. 

Y bien es cierto que entra otro actor a tirar línea sobre el asunto: la Tabacalera Costarricense reclama, en conformidad con lo que se espera,  el elevado impuesto a que se verá sometido el consumo de cigarros, pero dando un giro interpretativo al asunto, Guillermo Oliva, representante de la tabacalera, indica que tal impuesto, dado su alza, será una prohibición, y en tanto tal, propiciará la comercialización ilegal de cigarrillos, logrando con ello un retroceso, pues tal piratería acarrearía, paralelamente, más delincuencia de la que hay.

Este punto es interesante, lo considero una forma sensata y lúcida de defender su posición sin recaer en la dimensión más economicista, lejos de toda almabellada ingenua.

Es claro que dicha ley es todo un avance en lo tocante a la salud e higiene del país, eso es fundamental. Resta esperar si dicho avance supondrá una politización de otro tipo de vivencias cotidianas y subjetivas.  A ver si la cabronada de vida es más soportable. Sí, diablos que hace falta.


MUF



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