Los últimos días, nuestro país, una vez más, deja de lado sus problemas estructurales, sus debates de fondo, sus males institucionales y su domesticación circense, sí, de nuevo, tal y como cada semana ocurre. Esta vez nos encontramos con la atención de todo mundo socavada hacia la cuasi vetusta figura del ministro de educación, el cual, en un arranque litero-maníaco, publica un fragmento de un cuento o bodrio similar. Le va mal al ministro, es como cuando dicen, tras de cuernos palos o tras de que le va mal se pone para que le den.
Publica un escrito que juega con los enunciados del padre nuestro, nada del otro mundo. Nada ofensivo ni espeluznante, solo un juego ironizante con los enunciados de la oración: cuál padre, cuál nombre, cuál reino, entre otros alegatos, no repetiré la cosa.
Mal ministro, corrompido, cochino, vulgar, ateo, maloso, peludo, hereje, blasfemo, cainita, satánico, comunista, sucio...sí, eso se escucha en la pulpería, en el bus, en el colegio, en el pretil, en los nightclubs.
Si algo hay que reclamarle a Leonardo es su presunción de imitar los seudo-escritos "literarios" de Alberto Cañas, su poca visión irónica.
No es descabellado proponer como gran fallo de la educación de este país, no de este ministro transitorio, la poca educación en la sensibilidad literaria, la poca reflexión literaria y la completa estulticia para reconocer y entender el carácter y el régimen que sustenta un escrito como el de Leonardo. Sí, falta bastante. Que se meta en la agenda del ministerio uno o varios puntos sobre la total falencia de comprensión, sobre el fallo histórico de los profesores de español de las últimas décadas, pobres desgraciados que no lograron que el costarricense promedio entendiera una metáfora.
De momento saltan algunas otras cuestiones que es plausible discutir, por ejemplo: 1) la distinción entre lo público y lo privado, asumida por un sujeto en un cargo público; 2) la continuidad que se pretende entre las expectativas de fe de un funcionario y la declaración religiosa del país; 3) la presión que se ejerce para que el dicho funcionario "resuelva" su falta; y lo más importante...4) la total indiferencia ante otro tipo de situaciones, radicalmente nocivas, por parte del gobierno, obnubiladas por el desvío de atención que ha causado la estupidez del escrito de Garnier.
En este país los medios de comunicación, ya sabemos que tienen agendas propias y de largo alcance, dictan cuáles son las noticias y cuál es la atención que se debe prestar. Un ministro que escribe en sus ratos de ocio, y una viceministra que se graba medio chinga; ambos son el diablo, son de lo peor...uy diosito santo...hagan algo por favor, echen a los canallas, expulsenlos del pueblo con antorchas, mientras eso pasa, acá los guardianes del orden moral y político se quedan repartiéndose el queque...y en tajadas desiguales...mierda que sí.
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